Armonía de tren
No era un vagón extraño.
Había estado allí antes,
pero sólo él y yo éramos iguales.
Y eso me entristecia.
Él rugia con poder,
temblaba poseido de éxtasis,
y a veces gemia, melancólico.
Esa llamada al amor lejano también
la hubiera gritado yo,
si no llegamos a ser tan iguales.
De repente escuché algo perturbador.
Era música, pero no pertenecia a niguno de los dos.
Y sentí miedo.
La música no decía nada, pero mentía.
Sus notas calladas silbaban recuerdos,
imágenes por las que hubiera muerto.
Y todos las podían oir.
Les dije que era una farsa,
que mentía a todos, que callara.
Pero no lo decía tan bien como ella.
Mis palabras se olvidaban,
y ella hacia cantar a mi alma.
Y cuando se fué la eché de menos,como siempre.
Perdí unos sentimientos y unos recuerdos en un instante.
Y comprendí que me los había robado.
Los había repartido, a la vieja usanza,
con aquellos pobres de amor.
Pero nadie habia aceptado.
Hubieran mirado mejor a un mendigo,
que a mi alma enamorada.
Pero que fueran solo mios me llenó de orgullo,
y los recogí.
Y el primer beso que te dí aquella tarde,
llevaba ese sentimiento perdido
a aquel que nadie quiere
porque está demasiado lejos.
Por eso, aunque no te diste cuenta, sonreí.
Algún día te explicaría aquel beso, perdido en miles.
Y quizás, sólo quizás,
cuando vuelva a pasar te hará temblar.
Había estado allí antes,
pero sólo él y yo éramos iguales.
Y eso me entristecia.
Él rugia con poder,
temblaba poseido de éxtasis,
y a veces gemia, melancólico.
Esa llamada al amor lejano también
la hubiera gritado yo,
si no llegamos a ser tan iguales.
De repente escuché algo perturbador.
Era música, pero no pertenecia a niguno de los dos.
Y sentí miedo.
La música no decía nada, pero mentía.
Sus notas calladas silbaban recuerdos,
imágenes por las que hubiera muerto.
Y todos las podían oir.
Les dije que era una farsa,
que mentía a todos, que callara.
Pero no lo decía tan bien como ella.
Mis palabras se olvidaban,
y ella hacia cantar a mi alma.
Y cuando se fué la eché de menos,como siempre.
Perdí unos sentimientos y unos recuerdos en un instante.
Y comprendí que me los había robado.
Los había repartido, a la vieja usanza,
con aquellos pobres de amor.
Pero nadie habia aceptado.
Hubieran mirado mejor a un mendigo,
que a mi alma enamorada.
Pero que fueran solo mios me llenó de orgullo,
y los recogí.
Y el primer beso que te dí aquella tarde,
llevaba ese sentimiento perdido
a aquel que nadie quiere
porque está demasiado lejos.
Por eso, aunque no te diste cuenta, sonreí.
Algún día te explicaría aquel beso, perdido en miles.
Y quizás, sólo quizás,
cuando vuelva a pasar te hará temblar.






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